La historia de los amantes del Cartujo de Los Monegros

Publicado en el Periódico Altoaragón.Ver enlaces

El monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes se encuentra en el centro de Los Monegros. Para acercarse, da la sensación que hay que detenerse primero, contemplar su contorno que intenta destacar sobre el terreno y en un horizonte de un cielo azul
sacudido por el cierzo, parece estar en medio de todo y en medio de nada. Hay que desviarse para poder entrar en un recinto rodeado de viejos olivares y de unos altos muros de piedra y adoba, delimitando un conjunto monástico que sutilmente matiza, con sus pardas tonalidades, su figura en el árido paisaje monegrino.

El monasterio, construido en el siglo XVIII en estilo Barroco, domina el páramo monegrino, tratando de no sucumbir a la erosión que impone su abandono al imparable tiempo y al olvido. Erguido como una vieja sabina, y que como decía José Antonio Labordeta, implora la distancia, “De pie / reclama vida / aún a costa / de dejarse tumbar sobre la espalda”. Quizá, también implora el agua que sacie su sed y dé vida al largo letargo que le lleva provocando la ruina y la amenaza de su aparente irremediable peligro de derrumbe. En sus aledaños, de la “Fuente del Milagro” emana tímidamente la buscada agua que pronto se pierde entre la maleza, de lo que, años atrás, bien podía haber sido considerado un vergel, un oasis en los rabiosos secanos de Los Monegros.

 

Accediendo al interior de la iglesia, la atracción artística de los murales pictóricos de Fray Manuel Bayeu es ineludible y fascinante, hay que alzar la vista hacia la techumbre, pasando la vista de largo por los consumidos y borrados murales laterales. Paseando por
la iglesia, hacia la sala de la tribuna, el deterioro de las pinturas murales se hace más evidente, y al final del pasillo, de frente se encuentra, como inadvertida, una leyenda apenas conservada que cuesta desentrañar.

Son lo condes de Sástago, D.Blasco de Alagón y doña Beatriz de Luna, quienes a principios de 1507, emprenden la difícil empresa de edificar el primer monasterio de Cartujos en
Aragón. Tras la muerte de su hijo D. Artal, eligen como emplazamiento los terrenos próximos a una ermita cercana a “La fuente del milagro”, donde los condes de Sástago dieron sepultura a su hijo Artal. Con prontitud, el rey D. Fernando el Católico, otorgó el permiso de fundación real de la orden de los cartujos, concediéndoles diversos privilegios.
Para su financiación, es el comerciante Zaragozano D. Juan Torrero quien se compromete a sufragar los costes de la construcción del claustro y su amigo D. Pedro de Domingo de
Perandreu, señor de la baronía de Parcent (Valencia) quien se comprometió con la construcción del templo. Pero el monasterio atravesó duras dificultades y penurias sin llegar a construirse.

Volviendo a la sala de Tribuna, se va apreciando en la leyenda un trágico final de una triste historia de amor. Narra la historia de Pedro y Margarita, un matrimonio forzosamente separado, cuya leyenda quedó inmortalizada en hermosos versos en las paredes del Cartujo de Monegros. Historia que recuperamos gracias a las “Notas históricas sobre la
Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes” de Miguel Supervía Lostalé, publicado en 1912 en “Linajes de Aragón”. Pues aconteció la historia de los amantes del Cartujo de Los Monegros, puesto que estando D. Pedro Perandreu de asuntos por sus posesiones en la costa mediterránea, en un viaje marítimo, fue apresado por corsarios Argelinos. Posteriormente fue trasladado a Constantinopla, la actual Estambul, donde fue encadenado y encarcelado. Allí, en su cautiverio de quince largos años, D. Pedro Perandreu encontró la muerte. Al mismo tiempo que en Valencia fallecía con el corazón traspasado, por el dolor a su ausencia, por la pena al cautiverio de su querido marido y por su amor, su esposa D.ª Margarita de Roda.

Margarita de Roda me llamaron

Nacida en Zaragoza de Aragón,

Los turcos mi marido me llevaron:

Quince años ha que lloro su prisión.

Saetas de dolor me traspasaron

Cinco, por hijos cinco, el corazón:

La muerte, al fin, me saca de estas penas;

Más ¡ay! Que mi marido está en cadenas.

No te duelas, mujer, vete al reposo

Que dura para siempre sin afán,

Pedro Perandró fue tu esposo,

Los turcos más de mi no gozarán,

Tras ti me voy, de verte deseoso,

Y este deseo no me estorbarán

Que en este punto ya muere por verte

¡Oh muy cortés y cándida muerte!

En su testamento D. Pedro Perandreu prescribió “que a la muerte del último heredero directo, toda su fortuna pasase a ser propiedad de la Cartuja de las Fuentes”. Los monjes
abandonaron el fallido monasterio que años más tarde recuperaron para poder recibir la herencia tras la muerte de la religiosa Dª Margarita de Roda, última heredera directa de los Perandreu. Los hermanos cartujos volvieron al antiguo monasterio en 1589, volviendo a sumirse en la penuria hasta que en 1717 se comenzó a construir el actual Cartujo de las Fuentes.  Y ahí sigue…
Joaquín Ruiz Gaspar

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